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DISRUPTORES ENDOCRINOS (Primera parte)

Cómo nos afectan los químicos presentes en casi todo lo que utilizamos a través de su interacción con nuestro sistema hormonal


El sistema endocrino es una red de glándulas que regula y controla la liberación y las concentraciones de hormonas en el organismo, y se encuentran interconectadas. Las hormonas son mensajeros químicos esenciales para que el organismo desempeñe funciones relativas al metabolismo, el crecimiento y el desarrollo, el sueño y el estado de ánimo, entre otras. Una pequeñísima cantidad de hormonas puede bastar para desencadenar la acción deseada.


Las sustancias con actividad endocrina (SAE) son sustancias externas que interfieren con el sistema hormonal, de distintas maneras:

  • Algunas sustancias mimetizan las hormonas naturales desencadenando respuestas amplificadas (en exceso).

  • Otras son antagonistas y pueden bloquear la acción de las hormonas naturales.

  • Otras modifican la producción de hormonas o su degradación, aumentando o disminuyendo su concentración.


Ciertas SAE se utilizan intencionadamente en medicamentos (píldoras anticonceptivas, sustitutos de hormonas tiroideas), pero normalmente se utilizan como aditivos en multitud de productos que utilizamos en nuestro día y sus efectos son indeseados, lo que se conoce como disruptores endocrinos u hormonales. Es posible entrar en contacto con ellos a través de la piel, al inhalarlos o, incluso, al ingerirlos.


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Un informe de la OMS del 2012 reconoce que cerca de 800 sustancias químicas son, o se sospecha que son, disruptores endocrinos.


Tipos de disruptores endocrinos y dónde se encuentran


Los disruptores hormonales están presentes en productos que utilizamos en nuestro día a día. Los más comunes son:


  • Dioxinas y furanos: son contaminantes peligrosos derivados de la industria que pueden terminar en algunos alimentos de manera accidental.

  • PCB (bifenilos policlorados) y retardantes de llama bromados, utilizados por su estabilidad térmica, en materiales de construcción, de decoración, electrodomésticos y aparatos electrónicos.

  • Aditivos de plásticos:

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  • Bisfenoles, alquilfenoles: el más común es bisfenol A (BPA), presente en materiales plásticos de policarbonato en contacto con los alimentos. También puede encontrarse en el interior de latas de conserva y recibos de compra.

  • Ftalatos: compuestos ampliamente utilizados sobre todo para hacer los plásticos más flexibles, en especial PVC, y pueden filtrarse o transferirse fácilmente. Se utilizan no sólo para envolver alimentos, sino en multitud de objetos e incluso juguetes infantiles.

  • Butilhidroxitolueno (BHT): utilizado como antioxidante en alimentación (E-320) y cosméticos.

  • Triclosan, triclocarban, benzofenonas y parabenos, utilizadas en productos cosméticos y jabones, como conservante. También los compuestos presentes en perfumes y fragancias.

  • Hormonas sintéticas que se utilizan para el engorde del ganado o para algunos tratamientos médicos.

  • PFOA o ácido perfluorooctanoico: componente del teflón, se utilizaba en recubrimientos de utensilios de cocina, como sartenes. Es altamente tóxico y se ha detectado en muestras de todo el planeta, incluidos océanos, estimándose que el 100% de la población, y gran cantidad de la fauna, está contaminada por este producto. Su uso se ha prohibido, pero se está sustituyendo por otras sustancias aunque más inocuas, también sospechosas.

  • Pesticidas y herbicidas. Sin duda, todos son tóxicos en mayor o menor grado. El glifosato, herbicida ampliamente utilizado en la agricultura mundial, es análogo del aminoácido glicina, por lo que puede sustituirlo en las proteínas orgánicas y generar multitud de daños. Ha sido calificado por la OMS como “probablemente cancerígeno”.

  • Metales pesados, como el dióxido de titanio utilizado en cosméticos o medicamentos, el plomo y cadmio de pinturas, u otros metales como aluminio presente en desodorantes.

  • Ciertos filtros UV utilizados en los protectores solares: aparte de los ya mencionados en cosmética, destacamos benzofenona u oxibenzonas, metoxicinamato de etilhexilo, ciclopentasiloxano, ciclohexasiloxano, butylphenyl methyl propional.


Se pueden encontrar por lo tanto en muchos productos de uso cotidiano, incluyendo alimentos y sus envases y contenedores de plástico como tuppers y botellas, ambientadores, productos de belleza, de higiene personal y de limpieza, insecticidas, juguetes, etc.

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Algunos disruptores endocrinos, declarados como contaminantes orgánicos persistentes por la OMS, como ciertos pesticidas o dioxinas, pueden permanecer en nuestro cuerpo hasta diez años, ya que tienden a acumularse en el tejido adiposo. Otros no persistentes, como los parabenos o bisfenoles, permanecen desde pocas horas hasta días dentro del cuerpo, aunque existen estudios que los han detectado en la orina del 90% de los sujetos, por lo que se deduce que la exposición es continua.


Efectos sobre el organismo


Estos efectos dependen del sistema hormonal al que afecten (glándulas sexuales, hipófisis, tiroides, etc.) y del momento de la exposición. Pueden bloquear su función por completo o, por el contrario, potenciarla, lo que en ambos casos es perjudicial.


A medio plazo, los desequilibrios y el mal funcionamiento del sistema hormonal pueden causar enfermedades como diabetes, hiper o hipotiroidismo, obesidad, enfermedades cardiovasculares, infertilidad y ciertos tipos de cáncer, además de alteraciones del crecimiento y neurológicas. También se producen modificaciones de la concentración de hormonas tiroideas.


Aunque todavía se desconocen los efectos específicos de muchos de ellos, afectan especialmente a la salud reproductiva y sexual, que detallamos a continuación:


  1. Efectos sobre la salud de las mujeres:


    La mujer es particularmente sensible a estas sustancias, debido a la similitud con los estrógenos de muchas de ellas, por lo que pueden mimetizarlos y aumentar sus efectos o por el contrario bloquearlos, dependiendo de sus características.

    Se ha demostrado relación con cáncer de mama, además de afectación de otras glándulas como la tiroides. La endometriosis y el síndrome de ovario poliquístico son los de mayor prevalencia en mujeres en edad reproductiva:

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  • La endometriosis es un trastorno que se produce cuando el tejido uterino crece fuera del útero (generalmente en la cavidad abdominal) ocasionando dolor crónico pélvico e infertilidad. La exposición a BPA, ftalatos, plaguicidas organoclorados, dioxinas y bifenilos polibromados y policlorados, parece estar relacionada con el desarrollo y progresión de la endometriosis.


  • El síndrome de ovario poliquístico, se caracteriza por la presencia de quistes en el ovario que pueden conducir a falta de ovulación, problemas menstruales, infertilidad, hirsutismo, obesidad y síndrome metabólico. Diversos estudios ponen de manifiesto una relación con la exposición a BPA y ftalatos.


    2. Efectos sobre la salud de los varones:


Debido precisamente a la naturaleza estrogénica de muchos disruptores endocrinos o antiandrogénica, se relaciona a estas sustancias con cáncer de testículo y cáncer de próstata.

Adicionalmente, se produce un gran impacto en la fertilidad masculina con reducción de la calidad del esperma y una disminución del nivel de testosterona.


La investigadora Shanna Swan descubrió que el conteo de espermatozoides disminuyó en un 59.3 % entre 1973 y 2011. Tras 20 años de investigación descubrió que el elemento en común que interrumpe el desarrollo humano y la reproducción son sustancias como los ftalatos.


  1. Efectos sobre la descendencia de personas expuestas:


    Los periodos de exposición a disruptores endocrinos son especialmente críticos durante la formación embrionaria y la infancia, especialmente durante el desarrollo fetal, ya que son etapas en las que las hormonas actúan sobre el desarrollo y la diferenciación celular de manera más contundente al estar el organismo en formación, y los efectos se pueden percibir tanto a lo largo del desarrollo como tras la maduración sexual.


    Tienen la capacidad de cruzar la placenta y llegar al feto. También se detectan en la leche materna, por lo que es fundamental evitar esta exposición por parte de la madre para obtener todos los beneficios de la lactancia.


Han sido relacionados con muerte embrionaria y fetal y malformaciones en la descendencia, bajo peso de nacimiento, hiperactividad y problemas en el desarrollo del sistema nervioso central, con problemas de aprendizaje, disminución del coeficiente de inteligencia y de la comprensión lectora además de problemas en el desarrollo sexual de ambos sexos.


¿Podría existir una relación con los casos actuales de problemas de identificación sexual en jóvenes? No puede afirmarse, pero comienza a sugerirse y estudiarse como posibilidad.


Nota: En una segunda entrega de este artículo, detallaremos los efectos de los disruptores endocrinos más frecuentes y nocivos, así como soluciones para minimizar la exposición.

 
 
 

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