DISRUPTORES ENDOCRINOS (Segunda parte)
- laurantonp
- 6 nov
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¿Cuáles son los efectos de los disruptores más frecuentes a los que estamos expuestos?
1. Bisfenol A (BPA)
Este compuesto es uno de los disruptores endocrinos que más preocupan para la salud humana. Interactúa con receptores celulares de diversas hormonas como estrogénos, androgénos (hormonas masculinas) o glucocorticoides, e interfiere con la función tiroidea. La mayoría de los estudios sugieren alteraciones metabólicas, en el neurodesarrollo y el comportamiento, en la memoria, y en la capacidad reproductiva. Además, produce daño ocular, y puede producir irritación a nivel respiratorio y reacciones alérgicas cutáneas.
En la actualidad, el uso de BPA en la Unión Europea se encuentra limitado para materiales en contacto con los alimentos (de policarbonato) y prohibido en recipientes alimentarios destinados a niños menores de 3 años. Sin embargo, dado que la mayoría de los alimentos adquiridos en grandes superficies se encuentran en envases de plástico, podemos deducir que aunque limiten la cantidad por envase, la exposición diaria es elevada.
2. Parabenos

Los parabenos son químicos empleados como conservantes en multitud de productos, tanto alimentarios como cosméticos. Se ha demostrado su interferencia sobre hormonas masculinas y femeninas del organismo. La exposición es muy frecuente, y algunos parabenos pueden atravesar la placenta y encontrarse en el líquido amniótico. Se han sugerido cambios durante el embarazo del nivel de hormonas sexuales y tiroideas, y efectos en el crecimiento postnatal de los niños,.
Aunque también tienen sus niveles de concentración limitados, esta limitación es insuficiente ya que no se tienen en cuenta los efectos por la exposición de varios productos.
3. Ftalatos
Gran parte de la exposición humana se cree que pueda venir de los materiales en contacto con los alimentos, aunque se pueden encontrar en numerosos productos como juguetes, calzado, productos sanitarios y farmacéuticos, perfumes y productos de higiene personal, pinturas, tintas, adhesivos, materiales de construcción, componentes de automóviles, vinilos, detergentes…
Se han detectado numerosos efectos adversos sobre la salud relacionados con ftalatos. Algunos pueden disminuir el efecto de hormonas masculinas o evitar la entrada de la hormona tiroidea en las células, especialmente con la exposición tanto prenatal como durante la infancia. También se ha relacionado con el desarrollo de toxicidad neuronal, y un daño del desarrollo del sistema nervioso con un aumento del riesgo de partos prematuros.
Amplios estudios revelan una relación entre la exposición a ftalatos en el útero, con niveles más bajos de coeficiente intelectual a los 7 años de edad, con hiperactividad, reactividad emocional, rebeldía, agresión e incluso, a largo plazo, comportamientos delictivos.
Además, los ftalatos pueden aumentar el riesgo de desarrollar obesidad al interrumpir el metabolismo de los lípidos y producir cambios metabólicos. Las personas con elevados niveles de ftalatos tenían aproximadamente el doble del riesgo de desarrollar diabetes en comparación con aquellos con niveles más bajos, por su interacción con el páncreas.

4. Benzofenona-3 (oxibenzona)
Según el centro para el control de enfermedades de Estados Unidos, está expuesto a este compuesto el 96,8% de su población. Esto se debe a que es un filtro solar químico presente en cremas solares y otros cosméticos con protección solar. Por estas propiedades, también se añade a algunos productos para preservarlos del daño de la luz del sol (perfumes, champús) y a plásticos para proteger el contenido del envase.
La oxibenzona altera tanto la concentración de estrógenos en sangre como la de hormonas masculinas, e incrementa la probabilidad de cáncer de mama. Se estima que se absorbe un 1-2% (en algunos estudios hasta el 10%) a través de la piel y se ha identificado en orina, sangre y leche materna.
Algo también preocupante es el impacto negativo de este compuesto sobre la salud planetaria, otro motivo por el que debemos minimizar el uso de las cremas y cosméticos con filtro solar, y cambiarlo por otras alternativas más naturales como protegerse del sol en verano evitando las horas centrales del día, con ropa y un sombrero, y teniendo en cuenta que el sol es muy beneficioso para nosotros, perdiendo el miedo al mismo que ha sido fomentado por estas industrias.
5. Triclosán (TCS)
Se inventó para uso hospitalario pero posteriormente se ha agregado a numerosos productos de higiene, como jabones, pasta de dientes, desinfectantes para manos y enjuagues bucales. Curiosamente, en 2015 se hizo un estudio y no se observó que un jabón por tener triclosán limpiara más que el propio jabón.
Se han encontrado restos de triclosán en muestras de sangre, piel, orina, cordón umbilical… pero también en animales como delfines, salmones y lombrices, entre otros.
Los efectos nocivos del triclosán observados en estudios epidemiológicos son: asma, alergias, fotosensibilizaciones, alteración del funcionamiento de la tiroides, disminución de la fertilidad, recién nacidos de bajo peso y alteración del funcionamiento del sistema inmune.
¿Cómo minimizar la exposición a los disruptores endocrinos?
Aunque evitar una exposición total es complicado, dada la amplia difusión de estas sustancias, es posible reducir su contacto adoptando una serie de cambios en nuestro estilo de vida, especialmente en las mujeres embarazadas y los niños recién nacidos. Para ello, se recomienda seguir esta pautas:

Consumir alimentos sin procesar y frescos. Los alimentos contenidos en embalajes de plástico y latas pueden contener ftalatos y BPA, como los alimentos que se venden en bandejas de poliuretano y están recubiertos con un film de PVC. Si no es posible evitarlos, desechar estos embalajes al guardar los alimentos.
Siempre es preferible guardar los alimentos y bebidas en contenedores de vidrio.
No debe someterse a contenedores de plástico al microondas o a la exposición solar directa.
Utilizar biberones de vidrio en lugar de plástico. De ser posible, elegir la lactancia materna durante el primer año de vida para evitar el plástico de los chupetes y los biberones.
Evitar juguetes de plástico, especialmente en niños pequeños, que se los llevan a la boca, y sustituirlos en la medida de lo posible por juguetes hechos de materiales naturales, como de madera, tejidos o materiales orgánicos.
Evitar los productos etiquetados con "fragancia", ya que este término podría incluir ftalatos que suelen utilizarse para estabilizar el aroma y alargar la caducidad del producto.
Reemplazar los productos de limpieza con alternativas más naturales. Evitar los suavizantes de ropa, y en general cualquier producto prescindible.
Elegir productos de higiene y belleza libres de parabenos y elaborados con ingredientes de origen natural.
Evitar ambientadores artificiales, insecticidas o pesticidas que contengan disruptores endocrinos.
Tener en cuenta que los tickets de compra o de los cajeros automáticos también contienen bisfenol A, que puede ser absorbido a través de la piel.
Llevar un estilo de vida y una dieta saludable y natural, para que el organismo se encuentre en condiciones de equilibrarse pese a estas sustancias. Por ejemplo, evitar el estrés, dormir suficientes horas y una alimentación rica en frutas y verduras, si es posible ecológicas, o lavadas y peladas antes de su consumo. No es aconsejable la ingesta de comida procesada y ultraprocesada, de grasas procesadas o hidratos de carbono refinados, el exceso de carne (que también suele contener exceso de productos hormonales) o de pescado azul de gran tamaño, especialmente en el caso de mujeres embarazadas.
Filtrar el agua de bebida (existen jarras y filtros especiales para ello), priorizando botellas de cristal como contenedor de cualquier líquido.
Evitar en general los objetos elaborados con materiales sintéticos o de plástico, si existen alternativas naturales.
En cualquier caso, debemos leer siempre la etiqueta de los productos para detectar la presencia de disruptores endocrinos.

Al sumarse los efectos de varios disruptores endocrinos se produce un ‘efecto cóctel’ y se da lugar a mezclas más peligrosas.
Llama la atención que las autoridades competentes no restrinjan o prohíban la utilización de estos disruptores endocrinos a pesar de que se conozcan sus efectos, especialmente en productos alimentarios o cosméticos.
Como consumidores, debemos velar por nuestra propia salud, por lo que sólo nos queda evitar la utillización de estos productos y revisar las etiquetas para detectarlos dentro del listado de ingredientes.



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